ALEGORÍA VISUAL DEL POETA JOSÉ ALCÁNDARA

En el mes de julio tuve la visita de José Manuel Ruiz, conocido en el mundo literario como José Alcándara, poeta alicantino afincado en Tarragona, o Tarraco como a él le gusta llamarla. Mi pintura conectó plenamente con su poesía y esta unión creativa sumada a los influjos de La Foronguilla, caserío que nos cobijó; salieron dos obras, una pictórica y otra literaria. Aquí os las dejo.

Alegoría visual del poeta José Alcándara
Óleo sobre lino
162x130 cm
Año 2013

José Alcándara

LA FORONGUILLA
(Ruinas de un cortijo en Montellano)

A Jorge Gallego, gran pintor de interiores desolados

Dice Montaigne en sus ensayos que el solo afán
de toda vida es erigir de la propia muerte el edificio.

No concibo ni otro inicio, ni otro viaje.

Regresé del Sur, de las cenizas; y ahora
con su firme y calmo movimiento me ampara
la mano milagrosa del pintor de un pueblo blanco,
y es su mirada un barniz que arropa y que resguarda
el aliento que habita en la intimidad del hombre,
y es su mirada una unción de luz cálida, oleosa,
como de añejo teatro, vetusto y mortecino,
que languidece en ser madera seca, tácita o cadente.

Aprehendo la imagen; y a ella me aferro,
como se prende el poeta a la brenca rusiente de la palabra.

Revela el tiempo resquebrajado su viva llaga de alfanje
en los viejos muros, descompuestos, de este cortijo desahuciado,
con ese bello fulgor, moroso y dulce, del marfil o de la cal marchitos,
de la biliosa herrumbre de un aguafuerte goyesco en las escamas
solariegas de su rostro inerme, equívocamente imperturbable…

Clava las uñas, escarba en la carroña del sueño y la piedra abandonados.
Transita la pura inconsistencia en su dibujo sibilino, mudable e irrepetible.
Mírate en sus venas, y venera la poética sagrada que ara el tiempo.

Son mías sus paredes, amordazadas de huellas
y de arrugas constreñidas, de cicatrices de arroyo disecado,
de inerte polvo hilado que nieva en la rueca malograda
y en la piel que no se mira más en los espejos que responden.

Voy leyendo el mapa hendido de la vida en la estancia y en mis manos:
hay heces de paloma torcaz o de insectos incorpóreos,
y no vestigios de hormiga en la bermeja escala
que conduce al piso superior. No vale allí
máscara, ni afeites; y acato solo el fruncido de ocres
oficiando continua la construcción del templo que es la muerte…

Tarraco, a 27 de julio de 2013

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